29 de septiembre de 2014

Adiós iPod Classic: ¿se muere el reproductor de mp3?

Apple ha dicho adiós al iPod Classic, que deja de fabricarse después de trece años. Ha sido una despedida eclipsada por la llegada del iPhone 6 y la polémica actualización de iOS. Una nota a pie de página en la actualidad de novedades tecnológicas. Sin embargo, lo cierto es que marca el fin de una época en lo que respecta a la forma de consumir música. Se va un símbolo que empujó el negocio digital, hizo que la música estuviese más presente que nunca en la vida de millones de personas y que colocó a la tienda iTunes como un poderoso agente en la industria discográfica.

Como recalca este artículo -con más humor que otra cosa- algunas de sus características las echaremos mucho de menos, como su botón rueda, que aún hoy me parece uno de los controles más alucinantes que haya utilizado jamas en un cacharro para escuchar canciones. Y con esta despedida toca preguntarse qué futuro tiene el reproductor portátil de mp3. Sí, hay por ahí otros dispositivos pensados exclusivamente para escuchar archivos de música, como puede ser el Pono o el nuevo Walkman. Pero son para un público específico, un nicho: el melómano que quiere audio de alta calidad allí donde está.

Con su adiós se va también una forma de relacionarse con la música más personal e íntima: ocho años atrás, los álbumes que guardabas en el iPod, las listas de canciones que creabas para reproducir en él mientras hacías un viaje o realizabas una actividad al aire libre, eran un pedazo de ti. Ahora la música está igual de pegada que entonces, va en el mismo bolsillo, pero convive con otros asuntos dentro de un teléfono que también utilizamos para comprar, enviar correos electrónicos, estar conectado a un chat las 24 horas del día o seguir la actualidad leyendo medios online.


El streaming y los smartphones nos han hecho la vida más sencilla. Administrar tus playlist o descargar música, es cosa de segundos. Pero tenía gracia pasearse por ahí con prácticamente toda tu colección de música dentro de un delicado ladrillo al que nunca encontrabas la forma idónea para ser transportado. Parece que los que conservamos uno hemos tenido casi todos la misma idea, a tenor de los comentarios que circulan por Internet: hacerle sitio en la guantera del coche para que amenice nuestros trayectos más largos. 

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