19 de junio de 2014

¿Payola en la música digital?

No destierren el término payola de nuestro vocabulario, que, aunque con nuevos actores y en otros términos, es una práctica que sigue a la orden del día en el negocio de la música. Es la sospecha que tienen Taylor Lambert y Kevin Erickson y sobre la que reflexionan en un jugoso artículo para Future Of Music Coalition, una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a proteger los intereses de los creadores.

La payola, en su contexto original, no era otra cosa que pagar para que una canción sea emitida en la radio, algo ilegal en un montón de países y por lo que las grandes discográficas han recibido multas millonarias hasta hace nada. Hoy la FM no tiene la importancia de antaño y se han diversificado las formas para descubrir música gracias a Internet. Pero las compañías siguen teniendo sus asideros con los que podrían estar colocando a sus artistas de forma sibilina y con métodos de ética más que dudosa.



Universal muy presente en la recomendación de Spotify

Lambert y Erickson señalan con el dedo esas recomendaciones personalizadas de los servicios de música -a veces tan disparatadas y otras tan inquietantemente precisas-. Podrían ser un espacio pagado, pero reconocen que no tienen forma humana de probarlo. Por ahora, una acusación infundada. Sin embargo, llaman la atención sobre los movimientos sospechosos que se encuentran en plataformas como Spotlight, un escaparate creado por Spotify para lanzar la carrera de artistas emergentes.

Predominan los nombres de Universal Music Group y sus subsidiarias, cuyas ganancias llegadas del streaming curiosamente están en auge en los últimos cursos. Siete de los dieciséis grupos que han aparecido en su última campaña tienen relación con esa compañía, que fue uno de los huesos más duros en las negociaciones para llevar Spotify a USA. Si tenemos en cuenta que el director de contenidos del servicio sueco en el país, Steve Savoca, reconoció en Billboard que uno de los objetivos de Spotlight es también cuidar las relaciones con la industria discográfica, es difícil creer que utilicen exclusivamente criterios artísticos.

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