19 de diciembre de 2012

Kuki Bastos: “Ahora se está pagando por el acceso a la música, no verlo es como taparse los ojos”

Nada espanta más que un medio generalista utilizando el adjetivo revolucionario. Con la aplicación que ha creado Jorge Drexler para teléfonos móviles y tabletas se ha repetido hasta la saciedad. Pero si has pasado por encima de ello, seguro que te has llevado una grata sorpresa. "N" da una vuelta de tuerca a la relación entre el artista y su público desde el corazón del negocio. Son tres canciones a las que das forma mediante un juego de combinatoria.
Drexler las grabó ex profeso, pensando que, en realidad, la última palabra la iba a tener el oyente. Para ello creó un montón de variantes en la que el equipo de desarrolló estuvo involucrado prácticamente como si fueran miembros de su banda. Un trabajo que también ha generado reacciones negativas. Hablamos con Kuki Bastos de Wake App, la empresa que ha llevado a cabo este proyecto, detrás del que están también marcas de tecnología y su discográfica, claro. Bastos cuenta el por qué de algunas decisiones, habla de referentes y opina sobre la industria musical.


WakeApp no tiene programadores en nómina, ¿me puedes explicar exactamente a qué se dedica?
Wake App es una editorial de apps, volcada en la ideación y diseño de productos innovadores en todos los ámbitos. Funcionamos a partir de procesos de co-creación en los que nos asociamos con el talento y la experiencia de otros, para incorporar toda la potencia de las nuevas tecnologías de la información en cualquier campo. De esta forma, hemos trabajado en los últimos dos años con profesionales reconocidos y relevantes en el campo de la música, la poesía o la medicina.

Si no me equivoco, “N” es lo primero que hacéis para el mundo de la música. ¿Cómo surgió este trabajo?
Bueno, todo surge de una fiesta en casa de uno de los socios de Wake App, Jacobo Bergareche, a la que va Jorge (Drexler). A raíz de ahí llega la oportunidad de comentarle que tiene que apostar por formatos nuevos, que el mundo de la música está agonizando y que hay una oportunidad de hacer algo distinto. Es el primer paso a una serie de reuniones con él en las que hablamos y vemos todo tipo de apps. El proceso ha durado un año y medio en el que ha pasado de todo, el proyecto se ha caído varias veces, ha remontado varias veces, nos hemos peleado, nos hemos reconciliado... De todo.

¿Qué particularidades tiene que el cliente sea un artista y una compañía discográfica?
Realmente no son nuestros clientes, son nuestros partners y eso cambia bastante todo el proceso, tanto a la hora de trabajar como a la hora de tomar decisiones. Ha sido un trabajo duro y muy exigente, sobre todo a nivel creativo. Jorge no iba a sacar una app de la que no estuviera 100% seguro, tanto a nivel musical, como de experiencia de usuario o de diseño.

¿Cómo explicarías la app a alguien que no ha tocado nunca un teléfono inteligente?
Bueno, la mejor manera de explicarlo es que la experimente, aunque no haya tocado un teléfono en su vida. Hemos tenido muchas reuniones para plantear si hacíamos un tutorial, para explicar cómo funciona. Al final, no deja de ser algo que tienes que descubrir, y una vez que lo descubres disfrutas el doble.

¿Tomasteis como modelo alguna otra aplicación? ¿Y algo del mundo analógico?
En año y medio hemos visto cientos de apps. La referencia más clara y más cercana era Biophilia de Bjork, pero desde el principio vimos que Biophilia no iba ese paso más allá con la idea de entender la canción como software. Al fin y al cabo, Biophilia no deja de ser una canción cerrada con una interacción superpuesta. Y eso no es lo que queríamos. Respecto a las referencias del mundo analógico, hemos visto multitud de cosas, desde Escher hasta la máquina de pensar de Raimundo Llull que ha sido la referencia visual más clara para “N”. Pero hemos querido huir de cosas muy evidentes y trabajar la app de manera más conceptual, tratando de alejarla de la artificiosidad y del efectismo. Creemos que en el entorno de las apps esto no se ha hecho nunca. Y como tal lo entendemos como un experimento de poesía y música a la que se le añade la tecnología para facilitar la experiencia del oyente que, a partir de la interacción, se convierte en usuario.

Imagino que seguisteis muy de cerca la composición de las tres canciones que la forman, ¿es así? No solo lo seguimos de cerca, sino que la composición y la letra se ha modificado en función de la interacción, es la primera vez que me pasa en 20 años que llevo trabajando en el mundo digital. Cuando ya teníamos un prototipo de “N” funcionando nos dimos cuenta que quedaban “huecos” sin rellenar en los círculos y que hacía falta más frases, tanto cortas como largas. Eso es solo un ejemplo de lo que significa este proyecto. Son tres canciones que se han pensado y compuesto desde el principio específicamente para ser experimentadas en un dispositivo


¿Por qué es una app y no una web?
La naturaleza de “N” hace que el proyecto tenga sentido en formato app. Por distintas razones. Desde aprovechar todas las capacidades que estos dispositivos dan, como geoposición, pantalla táctil, hasta el modelo de negocio y las nuevas formas de consumir música. Y ya hay más tráfico desde dispositivos móviles que desde el ordenador.

Has dado charlas bajo el título de “la revolución de las aplicaciones”. ¿Qué tiene de rupturista este nuevo marco que han traído los teléfonos y las tabletas? Hace unos días leía un informe que afirmaba que el 50 % del dinero que se había generado en el mundo con la venta de apps, se lo repartían 25 empresas.
Es una realidad palpable que está siendo una revolución y lo más importante, a diferencia de la revolución de internet, por ejemplo, son las magnitudes. Es decir, es un producto de consumo masivo. Y cada vez más. Como en todas las industrias hay de todo, el mercado de las apps es gigante (más de 1.200.000 apps en las tiendas) y es difícil destacar en este entorno. Los más grandes siempre tienen más posibilidades de ser vistos y de generar más negocio. Como en todo.

Cierto sector de la música, se está rasgando las vestiduras ante la proliferación de apps de remézclas o juegos provenientes de grupos. Lo ven como una forma de desvirtuar las canciones. ¿Cómo rebatirías esa postura?
Me parece una posición inmovilista y poco innovadora. La industria de la música está en una crisis profunda, sobre todo estructural. No se venden discos, llegan otros players que se llevan el negocio (Spotify) y la gente está cambiando su manera de pagar por la música. Si antes se pagaba por un formato (cd, mp3, etc), ahora se está pagando por el acceso a la música, no por la música en si misma. No ver eso es como taparte los ojos.

¿Que cinco apps musicales no faltan en el teléfono de los socios de WakeApp? 
En mi caso concreto, no se nada absolutamente de composición ni de solfeo. Tengo bastantes apps para experimentar y para investigar la experiencia de usuario. Thumb Jam es un multiinstrumento que te permite grabar y con una interacción interesante. También uso Spotify o Air Drums, una batería que funciona con el acelerómetro del móvil. Y Garage Band, con la que he conseguido sentirme músico por primera vez, y Figure, una app muy interesante que estoy investigando ahora.

Web de Wake App / N en el iTunes Store 

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