30 de noviembre de 2011

Spotify y las discográficas: salvar la industria no es salvar la música

La noticia se repite: un grupo de sellos abandona Spotify, el servicio de música en la nube. El motivo son los escasos dividendos que le reporta ofrecer su catálogo ahí. Cientos de miles de reproducciones a cambio de unos céntimos de euro. La empresa sueca, que fue presentada como una herramienta de concordia para la industria discográfica, no contenta a todos. Las voces discordantes también llegan de los gigantes del negocio. Coldplay decidió no tener su último disco, “Mylo Xyloto”, en este programa. El grito de guerra es el mismo en los despachos de las multinacionales y en una pequeña distribuidora: devolvamos el valor a la música. Parece poco realista. Después de estrujar la gallina de los huevos de oro con ediciones especiales en formato físico, de vender un simple archivo de audio al mismo precio que un cd o de torturar al público ofreciéndole sus canciones favoritas hasta en el hilo musical del supermercado, alguien debería preguntarle al consumidor cuánto está a dispuesto a pagar por la música. Sospecho que la respuesta provocaría tantas caras largas como el poco dinero que genera Spotify.

Eso de la falta de transparencia de los servicios de streaming con los artistas desvía la atención sobre una realidad: la música no está en peligro, solo el negocio que hay a su alrededor. No ayuda que esta clase de conflictos empresariales aparezcan en las secciones de ocio de los diarios cuando en realidad son temas de páginas salmón. Tampoco que los lemas se queden en algo así como una campaña ministerial, con sus verdades a medias. El consumidor no necesita aún más confusión tras todo el mareo que la música digital ha traído. Si hay que sensibilizar sobre el desplome del negocio o los despidos en el sector que se haga. Pero salvar la industria discográfica no tiene nada que ver con salvar la música, aunque su desplome también tiene sus consecuencias sobre la creatividad. Sin ir más lejos, ya casi nadie invierte en nuevos grupos. Solo se inyecta dinero a artistas que ya han amasado una base de público y han arrancado solos su carrera. Los escalones son más altos pero el camino a seguir es el mismo.

7 de marzo de 2011

Tablets, solo le salen las cuentas a Apple

En el mundo de los contenidos digitales y la electrónica de consumo, tablet es la palabra de moda. Tras el triunfal desembarco de los teléfonos inteligentes, estos dispositivos son la próxima meca de los fabricantes del sector, que pretenden triplicar en 2011 los resultados del año anterior: alrededor de 20 millones de unidades vendidas. Un caramelo que seduce a los consumidores, pero que interesa sobre todo a la industria de contenidos, que ve en ellos un freno a las descargas y la ventana definitiva hacia la pantalla única: un aparato donde ver la televisión, jugar, acceder a las redes sociales, hojear la prensa, leer, escuchar música y poder cobrar por el acceso a todo ello.

Los que mejor han recibido este boom han sido los grandes grupos de comunicación, que han creado productos específicos para este mercado. Entre los más audaces, el todopoderoso Rupert Murdoch, que acaba de presentar su proyecto de diario para el iPad, Daily, respaldado por Steve Jobs. Sin embargo, estos nuevos soportes digitales no están teniendo por ahora una gran influencia en el negocio, ya que la industria no ha encontrado en ellos el bálsamo para hacer frente a la caída de sus beneficios, como constatan las cifras de ventas de algunas revistas para iPad en Estados Unidos. Tampoco ha tenido una gran influencia sobre la música, donde parece que nada ha cambiado con respecto al campo de acción que abrieron los smartphones.

Quien parecía que iba a sacar tajada era Apple, con la interactividad que permite el iPad y su álbum digital, un formato pionero que recupera la idea del disco como conjunto armónico, con un diseño, información y una secuencia para su reproducción. La marca de Cupertino, en contra de su tradicional política restrictiva, abrió a finales de 2009 las herramientas que permiten su diseño a programadores. Pero a día de hoy, con menos de 100 lanzamientos disponibles en su tienda on line, su presencia es algo testimonial, un gesto ante el club de las grandes discográficas y los artistas-factoría que no parece que vaya a dinamizar la oferta de música digital.

Por el contrario, donde estos dipositivos parece que sí han tocado hueso es en el mercado de la electrónica musical. La empresa que fabrica el Lemur, un controlador táctil utilizado por productores y pinchadiscos, anunció en noviembre el fin de su producción. La popularización de los tablets está suponiendo un abaratamiento de la tecnología que ellos utilizan, un nuevo marco en el que ya no pueden competir. Lo cierto es que pocos días después de ese comunicado apareció en escena el primer tablet pensado exclusivamente para músicos, el Indamixx 2. Por otro lado, las marcas tradicionales del sector parecen entusiasmadas con este mercado y cada mes se distribuyen nuevas aplicaciones que sustituyen a los teclados, secuenciadores o controladores que hasta hace poco fabricaban como instrumentos físicos Korg, Tascam o Akai, por ejemplo.

Frente al entusiasmo de la revista Billboard, que en su número del 17 de abril bendecía el Ipad como el futuro para artistas y sellos, todo indica que a día de hoy los tablets han pasado de largo por el mercado de la música. En un artículo sobre el juego “8 Bit Rebellion”, creado por el grupo Linkink Park, se detallaban los grandes hitos de este mercado, como el millon de descargas de una aplicación del rapero T Pain o la importancia que están teniendo las que se relacionan con la música, como Shazam, que identifica canciones, o el de la radio Pandora, ambas en el top del 2010 en el App Store. Jack Isquitch, uno de los responsables del departamento digital de Warner, citaba las posibles estrategias a seguir por las compañías. Por un lado vender licencias, por el otro otro utilizar estos aparatos para vender directamente a través de sitios como el Six String creado por Universal. O bien apoyar a los servicios de streaming. Pero sus palabras finales, diciendo que “es necesario estar en el mundo de las aplicaciones pero que hay que moverse con cautela”, no transmitían demasiado entusiasmo. De cualquier modo, habrá que ver si las previsiones de crecimiento en el año 2011 se cumplen para sacar conclusiones definitivas.